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Antecedentes históricos

En la Mitología se atribuye a Hesperis y Atlas la progenitura de tres hijas que ostentan el patronazgo de los Citrus: Arethusa, el limonero; Aeglen, el cidro, y Hespertusa, el naranjo.

Desde la más remota antigüedad, han sido objeto de admiración, por sus distintas cualidades, los frutales cítricos, alcanzándose abundantes leyendas y fábulas, descritas para realzar las propiedades que se les atribuían. Al hacer referencia al limón, merece ser destacada la fábula que narra Athenaios, en relación con los suplicios que aplicaba Clearco de Heraclea, quien imponía a sus víctimas la muerte por mordedura de víbora, y que quedó sorprendido y maravillado al comprobar que algunos de los condenados habían escapado de la muerte por haber ingerido jugo de limón, obtenido de unos frutos que les fueron ofrecidos por un alma caritativa cuando se desplazaban al lugar del suplicio.

Aunque existen serias dudas en lo que concierne a la determinación del lugar exacto de origen del limonero, la idea general es designar su procedencia en Países del Sureste Asiático y Malasia.

En pinturas murales de Pompeya y en elementos de tumbas romanas existe la confirmación de que el limón era ya conocido en el Imperio Romano. De todas formas, la primera alusión al limonero en un texto literario se encuentra en “Agricultura nabatea”, de Ibn Washshiyah, de principios del siglo X, donde se le denomina con el vocablo persa “limun”. De esta misma época datan las citas de los geógrafos árabes Istakhrí e Ibn Haukal, que mencionan la existencia en la India de un fruto muy agrio al que identifican con el nombre “limunah”.

No obstante su origen oriental, según Laufer, la primera referencia al limón, en China, la hizo Fan Ch´eng-ta, que describe el fruto en su “Kwei hay yü heng”, en la segunda mitad del siglo XII. Paralelamente en 1178, Chou K´ü-fei, en “Ling waitai ta”, da cuenta de que era conocido por la población de Cantón, indicando que su procedencia era de países del Asia meridional y, desde luego, de origen extraño a China, ya que el vocablo con que se le conocía, “li-mung”, no corresponde a la lengua del país.

El limonero en España.

La introducción del limonero y su cultivo en España se debe a los árabes, hecho del que dan testimonio los tratados de dos importantes autores andaluces. Ibn-al-Awam, en su “Libro de Agricultura”, escrito en la segunda mitad del siglo XII, hace la descripción detallada de procedimientos para la multiplicación y cultivo del limonero y otros agrios, por lo que se deduce que se trataba de frutales perfectamente conocidos en aquella época. Ibn-el-Beithar, por esa misma época, nos ofrece su “Diccionario de remedios sencillos”, en el que refleja las propiedades más sobresalientes con referencia al zumo de limón, exaltando sus propiedades curativas en forma de embrocación, y ofreciendo fórmulas distintas para su aplicación y uso.

A comienzo de la Edad Moderna era ya importante su difusión por Levante, Sureste y Andalucía; si bien eran utilizados como árboles ornamentales, es precisamente por estas fechas cuando se inicia el aprovechamiento de sus frutos. Y es ya en pleno siglo XIX, al darse mayores facilidades para el transporte, cuando se inicia un fuerte incremento en su producción, fomentándose la transformación de terrenos de secano en regadío.